“Los relojes antes eran mecanizados y era todo un lujo tener uno, quizá un equivalente a un celular de alta gama de hoy. Ahora ya casi no hay, quedan unos cuantos de reconocidas marcas japonesas y suizas como Citizen, Seiko y Orient o Rolex, Omega y Longines, respectivamente, y cuestan una barbaridad. Hay todavía quienes vienen”, afirma Condori.

Detalles. El relojero Ernesto Gallardo muestra un reloj enchapado en oro. Foto: José Lavayén-La Razón

Historias de la dictadura

La historia de un país marca a sus habitantes y en el caso de los relojeros no es la excepción. Las dictaduras militares en Bolivia repercutieron en el oficio de estos reparadores.

“Cuando era joven, durante una década trabajé en una fábrica textil y fui dirigente de la federación de los fabriles, pero en los años 80 llegó el golpe de Luis García Meza y a todos los dirigentes nos han barrido. Por eso, me instauré con la relojería, ya que necesitaba un sustento para mi familia. No podíamos ni trabajar, pero mis compañeros me dijeron ‘desempeñate en lo que sabes’ y me dieron este espacio aquí en la sede social de los fabriles de La Paz”, explica.

En el caso de Gallardo, su experiencia con un gobierno de facto se dio de una forma menos agresiva.  “Hugo Banzer acudía donde mi padre por sus servicios. El general pedía que se armen varios relojes Orient para sus leales, a quienes recompesaba. Mi progenitor los ensamblaba y yo, que era muchacho esa vez, le ayudaba”. Rememora que cuando retornó la democracia al país, también visitaban a su padre diputados y senadores para hacerle mantenimiento a sus relojes de pulsera o de bolsillo. “Ahora son reliquias”, admite.

En Bolivia, la política salpica a todos y nadie escapa a ella. Una muestra de ello es lo que cuenta Condori: que el expresidente Evo Morales, cuando todavía era dirigente cocalero del Chapare, acudía a su quiosco para que le haga mantenimiento a un reloj mecánico que atesoraba. “También vinieron muchos otros políticos por la cercanía que hay con la plaza Murillo, donde está el centro del poder”, indica.

En la plaza Alonso de Mendoza se ubica la Asociación Mixta de Orfebres y Relojeros (A.M.O.R), fundada el 5 de marzo de 1955. Eran otros tiempos para los reparadores de estos objetos. “Me quedaba admirado porque los mineros e industriales traían relojes enchapados en oro. Hasta 1972 traían a reparar y luego fueron desapareciendo. Esta era calle de relojeros hasta 1998, de ahí comenzó la baja y los alquileres subieron. Las ópticas tomaron los sitios de los relojeros, que fueron saliendo. Quedamos pocos”, dice Gallardo.

Foto: José Lavayén-La Razón

El peor enemigo es el tiempo

La información la corrobora Jaime Chura, representante ejecutivo de A.M.O.R. “Nos quedan unos tres afiliados, muchos eran muy mayores y fueron falleciendo lastimosamente. El oficio ha bajado mucho en los últimos años”. Parece que una sentencia estuviera echada contra estos mecánicos que con lupas y pinzas toman objetos y piezas diminutas para que la maquinaria vuelva a marcar un “tic-tac”.

“Estamos desapareciendo y es inevitable. Un arreglo va desde Bs 70 cuando se logra encontrar un repuesto. Es un precio accesible, pero solo vienen personas muy mayores que guardan estos relojes mecánicos. Los jóvenes nos ven solo comos los que cambian pilas, mallas o vidrios de los relojes electrónicos”, confiesa Gallardo.

Condori concuerda y asevera que la época dorada de los relojeros  se fue, pero que no olvidará cuando habían casetas una al lado de la otra desde la Pérez hasta la América. “Yo no estoy afiliado, soy independiente, pero con suerte le puedo decir que hoy en día debemos llegar a ser seis los relojeros antiguos que sobrevivimos.

La esperanza que atesoro es quedarme aquí hasta que mi vista me lo permita y sigan viniendo mis clientes antiguos”.

El mexicano Roberto Cantoral  conoció a una dama con la que vivió un romance efímero y la presencia de un reloj durante su último encuentro gestó el  bolero Reloj, en el que suplica que no marque las horas. Albert Einstein decía que “el tiempo es una ilusión que todo lo devora”, y estos relojeros de La Paz son testigos de todo ello.

Una mesa con instrumentos de trabajo como piezas y repuestos. José Lavayén-La Razón

Los 10 mejores relojeros de la historia

Galileo Galilei (1564- 1642) es quien inspiró a Christian Huygens, uno de los 10 mejores relojeros de la historia moderna, en el diseño del primer reloj de péndulo en 1656. Era el más exacto hasta entonces, con un margen de error de cinco minutos diarios. Una maquinaria de movimientos uniformes en la que avanzan manecillas sobre una superficie esférica, marcando el paso del tiempo: segundos, minutos y horas.

Según el portal watchesworld.com, para identificar a los pioneros se debe recorrer siglos de historia, en pos de “hallar a estos genios y científicos, quienes compartían una visión propia que obedecía al concepto del tiempo aceptado por los seres humanos”. Además cada uno de estos personajes fueron transgresores para enfrentarse a lo que la sociedad pretendía imponerles al momento de crear el famoso instrumento para medir el tiempo. Sin duda, precursores que dejaron huella.

(La Razón)