Prevención dos perspectivas para la artritis reumatoide

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La artritis reumatoide es de esas afecciones de las que uno siempre escucha hablar y, sin embargo, poco sabe o comprende sobre qué la provoca, los tratamientos adecuados y si es reversible.Por eso, abordamos los principales aspectos de esta enfermedad, iniciando con la medicina tradicional y culminando con la homeopatía, a propósito del 20 de mayo, Día Mundial de la Artritis Autoinmune.

OH! conversó con el médico cirujano especialista en reumatología, Jhonny Flores, y el homeópata español Carlos Gonzalez,del centro de salud integrativa Integrando. Ambos comparten con los lectores sus visiones y experiencias profesionales para conocer lo esencial de esta enfermedad que, a pesar de caer para muchos en lo común, no deja de ser temida.

UNA APROXIMACIÓN A LA ENFERMEDAD

Flores explica que la artritis reumatoide (AR) es la forma más común de artritis autoinmune y afecta a 5 de cada mil adultos. En Cochabamba, aproximadamente 18 mil a 25 mil habitantes padecen esta enfermedad y alrededor del 75 por ciento son mujeres. El mal comienza con mayor frecuencia entre los 20 y 50 años. Sin embargo, el especialista indica que puede presentarse a cualquier edad.

“Es una enfermedad crónica que causa dolor en las articulaciones, rigidez, hinchazón y disminución del movimiento articular. Las más afectadas son las pequeñas articulaciones de las manos y los pies. A veces, la AR puede afectar órganos como los ojos, la piel o los pulmones”, agrega Flores.

La rigidez suele ser más intensa por las mañanas. El médico indica que ésta puede durar una a dos horas (o incluso todo el día). Por lo general, mejora con el movimiento de las articulaciones. Señala que una rigidez que dura mucho tiempo en la mañana es un indicio de que la persona puede tener artritis reumatoide, ya que esto no es común en otras afecciones. Por ejemplo, la artrosis no causa rigidez matinal prolongada en la mayoría de los casos.

Flores señala que otros síntomas de la AR son: pérdida de energía, fiebre baja, pérdida del apetito, sequedad en los ojos y la boca, síndrome de Sjögren y bultos firmes(llamados nódulos reumatoides), que crecen debajo de la piel en lugares como el codo y las manos.

“Las consecuencias de la enfermedad -dejada a su evolución-son la limitación e incapacidad para la realización, inicialmente, de las actividades laborales y, posteriormente, de la vida diaria. El paciente puede tener alguna deformidad, debido al deterioro progresivo de las articulaciones afectadas”, asevera Flores.

Explica que la AR se produce cuando el sistema inmunitario (el sistema de defensa del cuerpo) no funciona de forma apropiada y envía por error la inflamación a sus propios tejidos saludables, porque no los reconoce como propios y por ello los ataca. El sistema inmunitario crea una gran cantidad de inflamación que manda a las articulaciones y causa dolor e hinchazón en ellas. Si la inflamación sigue presente durante un largo período, puede causar daño articular.

“Se desconoce la causa de la AR. Las personas con antecedentes familiares de AR tienen más posibilidades de desarrollar la enfermedad, conviene insistir en que los factores genéticos sólo son ‘predisponentes’ y no determinantes”, asegura el experto y agrega que una persona portadora de algún rasgo genético no acabará necesariamente desarrollando la enfermedad.

Los factores no genéticos tampoco se conocen bien. Señala como los más relevantes las infecciones, las hormonas femeninas, el tabaquismo (se considera uno de los factores ambientales de riesgo más importantes y que es completamente evitable), el estrés y la obesidad, entre otros.

QUÉ HACER ANTE LAS PRIMERAS SOSPECHAS

Flores enfatiza que no existe una prueba única para diagnosticar la AR. Además, los síntomas pueden ser leves y hacer más difícil el examen. Algunas infecciones virales pueden causar señales que pueden confundirse con dicha enfermedad.

“El problema a la hora de diagnosticarla es que existen otras enfermedades reumáticas, que en las fases iniciales pueden confundirse con la AR”, agrega y explica que un reumatólogo es un médico con la habilidad y el conocimiento para hacer un diagnóstico correcto. El especialista se basa en la valoración conjunta de los denominados “criterios de clasificación”, una lista en la que se relacionan y puntúan las manifestaciones más características del mal.

Aconseja que el diagnóstico se realice durante las fases iniciales, puesto que mejora tanto el pronóstico como la calidad de vida de la persona afectada.

Las radiografías pueden ayudar en la detección de AR. Las primeras radiografías son útiles más adelante para determinar si hay avance de la enfermedad, manifiesta el experto. Comenta que también pueden realizarse estudios de resonancia magnética y ecografías para confirmar o definir la gravedad.

¿PUEDE CURARSE? ¿CUÁLES SON LOS TRATAMIENTOS?

“En la actualidad no existe tratamiento que permita curar la patología”, asevera Flores. Sin embargo, explica que, en los últimos 30 años, los tratamientos brindan a la mayoría de los pacientes un significativo alivio de los síntomas y no presentan signos de enfermedad activa. “Cuando los síntomas están controlados en su totalidad, la enfermedad está en remisión, que es el objetivo que se debe alcanzar actualmente con un tratamiento adecuado”, detalla.

Flores recomienda que los pacientes con un diagnóstico de AR deben comenzar su tratamiento con medicamentos antirreumáticos modificadores de la enfermedad, conocidos como DMARD. Estos fármacos no sólo alivian los síntomas, sino retardan el avance de la afección.

Explica que con frecuencia los médicos recetan DMARD con antiinflamatorios no esteroideos o AINE o corticosteroides en dosis bajas para reducir la hinchazón y el dolor.

Algunos DMARD comunes son el Metotrexato, la Leflunomida, la Hidroxicloroquina y la Sulfasalazina.

Señala que medicamentos como la azatioprina y ciclosporina se recetan rara vez, dado que otros medicamentos funcionan mejor o tienen menos efectos secundarios.

El especialista recalca que los pacientes que presentan la enfermedad más activa o que no respondan a los DMARD (tanto como monoterapia o combinados) pueden necesitar medicamentos llamados modificadores de respuesta biológica o “agentes biológicos”. Estos bloquean las señales químicas del sistema inmunitario que producen la inflamación y el daño de las articulaciones o tejidos. En la mayoría de los casos,explica que los pacientes toman estos medicamentos junto con metotrexato, ya que la combinación es más eficaz.

Flores resalta que el mejor tratamiento para la AR exige algo más que medicamentos. “La educación del paciente sobre cómo convivir con la AR también es importante”, destaca.

Para una atención adecuada, asegura que se requiere la participación de un equipo de profesionales, incluidos reumatólogos, médicos de cabecera y terapeutas físicos y ocupacionales. También es necesario que durante un año el paciente consulte con frecuencia al reumatólogo.

“Estos controles permiten que el médico monitoree el curso de la enfermedad y examine si hay efectos secundarios de los medicamentos que toma. También es probable que deba volver a realizarse exámenes de sangre y radiografías o ecografías de tanto en tanto”, complementa.

CUIDADOS: UNA VIDA ACTIVA Y ALIMENTACIÓN BALANCEADA

Las investigaciones demuestran que quienes padecen de AR, en especial cuando no está bien controlada, tienen mayor riesgo de sufrir enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares, explica el médico cirujano especialista en reumatología, Jhonny Flores.

Recomienda realizar actividad física y disminuirla cuando la enfermedad empeora. Por lo general, el reposo ayuda cuando una articulación está inflamada o cuando el paciente se siente cansado. En esos momentos, aconseja hacer ejercicios suaves de amplitud de movimiento, como los estiramientos, ya que mantendrán la flexibilidad de la articulación.

Cuando el paciente se sienta mejor, Flores destaca que es importante alentarle a realizar ejercicios aeróbicos de bajo impacto. Todos ellos practicados con moderación, un mínimo de 30 minutos y tres veces a la semana. Aconseja también acudir conun terapeuta físico u ocupacional para elegir la actividad más adecuada.

La acupuntura y fisioterapia pueden aliviar el dolor, reducir la rigidez y aumentar la flexibilidad articular.

“Los investigadores aún no encuentran el elixir mágico que cure la AR, no hay dieta alguna, suplementos herbarios o nutricionales que puedan curarla”, enfatiza Flores. Sin embargo, de acuerdo a estudios, menciona los siguientes alimentos que tienen propiedades antiinflamatorias: la linaza, los ácidos grasos omega -3, fibra derivada de frutas, verduras, cereales integrales, aceite de oliva extra virgen y vitamina D.Sugiere también la dieta mediterránea,compuesta por ejemplo de aceite de oliva, pescado, frutos secos y carne fresca.

BIOINTERPRETACIÓN DE LA ARTRITIS REUMATOIDEA

“La artritis es una de esas enfermedades complejas, llena de rinconcitos conflictuales y emocionales que limpiar. Obviamente, personalizada por cada ser que la sufre”, afirma Carlos Gonzalez, médico homeópata español, propietario del centro de salud integrativa Integrando. Indica que si bien cada uno tiene sus circunstancias y su camino para llegar a la enfermedad, existen factores que pueden ser considerados comunes a todos los que la sufren.

Para empezar, manifiesta que existe una fuerte connotación de obstinación y rigidez en el conflicto que sostiene el mal. “Tengamos en cuenta que las articulaciones son aquellas que nos permiten flexibilizarnos físicamente y, por tanto, cualquier inflexibilidad emocional en la persona podría reflejarse con alta probabilidad en cualquiera de nuestras articulaciones”, añade el especialista.

Indica que la articulación afectada también da un claro mensaje, pues no todas las articulaciones significan lo mismo (no tiene la misma función una rodilla que un tobillo o que una muñeca o un codo). Si la artrosis es en la rodilla, por ejemplo, uno tendrá que observar la dificultad a “doblegarse” ante alguien o alguna situación. “Esta articulación denota una actitud de soberbia ante aquello que no estás sabiendo aceptar”, agrega.

Por otro lado, Gonzalez señala que hay autorreproche en cualquier tipo de artritis reumatoidea. “Percibamos que el reuma es una enfermedad autoinmune, lo cual quiere decir que tus propias defensas se defienden de ti mismo, iniciando un proceso de inflamación y destrucción. En este movimiento energético de tu cuerpo existe un fuerte sentimiento de castigo y desmerecimiento personal, bajo el amparo de un gran y profundo sentimiento de culpabilidad”, asevera el experto.

Aconseja para todas las personas que padecen la enfermedad que comiencen rápidamente a practicar el perdón, especialmente hacia sí mismos. “El amor es la solución verdadera a cualquiera de las enfermedades que, por cierto, creamos nosotros mismos”, agrega.

Sobre el enojo detrás de ésta, manifiesta que el portador adopta fácilmente una postura de víctima enojada. De hecho, subraya que esta es la verdadera raíz de la enfermedad. “Es nuestra wawa sentida la que se cruza de brazos y se traga su enojo, por lo que es nuestro cuerpo el que se encarga de expresarlo mediante el proceso de la inflamación”, añade.

Recomienda también mirar atrás para comprender en qué punto, “nuestra wawa” vivió y sintió con sus seres queridos una o múltiples situaciones de injusticia que calló por miedo a expresarlas. “El enfermo de artritis debe, mediante el perdón, dejar su actitud de víctima enojada y comenzar a ser creador de su propia felicidad y armonía”, resalta.

Homeopáticamente existe una gran lista de remedios que pueden ayudar a esta transformación del ser a nivel físico, emocional y mental. Entre ellos, Gonzalez destaca el Rhus Toxicodendrum (roble atlántico), el Natrium muriáticum (sal de mar), Bryonia alba (nuez blanca), apis melífica (abeja común) o Solanum Dulcamara (dulcamara).

“Podemos acompañar el tratamiento con esencias florales que trabajan muy bien el área emocional, destacándose el agua de roca del sistema floral del Dr. Bach, por su gran efectividad de ‘disolver’ inflexibilidades”, acota el homeópata.

Gonzalez comparte como ejemplo una afirmación sanadora para esta enfermedad: “Me perdono y me acepto, y perdono a todos aquellos con los que me he sentido ofendido”.

 

(LOS TIEMPOS)