Boliviana en España: ‘No sé en qué momento me contagié si yo seguía todas las precauciones’

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Scarlett Siles Vargas es boliviana, tiene 44 años y vive hace 17 años en Sevilla, España. Hace memoria en su confinamiento dentro de su departamento, en el barrio de la Macarena, y por más que lo intenta no recuerda dónde pudo haberse contagiado en esa ciudad, que es la cuarta con menos incidencia del nuevo coronavirus en la comunidad de Andalucía, después de Jaén, Granada, Málaga y Córdoba. Todos concentran 1.550 infectados a la fecha.

“No sé en qué momento me contagié si yo seguía todas las precauciones porque uno de mis hijos tiene problemas de respiración; yo iba a mi trabajo y de ahí a casa, solamente pudo haber sido en el supermercado o en el autobús, no me explico”, recordó.

En un momento de convivencia con los compatriotas hace poco más de un mes, por la llegada del santo boliviano Tata Santiago a Sevilla, enfatizó que ellos le dijeron que era “una exagerada en la desinfección, que solo pensaba en esa enfermedad, que no haga caso porque se trataba de un resfrío y un problema entre los políticos de España”.

“Al poco tiempo todos me dieron la razón, cuando se enteraron que yo estaba infectada y creo que tomaron mayor conciencia, por suerte nadie está contagiado”, prosiguió.

Casi una semana después de declararse el estado de alarma en España, Siles sintió dolores en la garganta; el 18 de marzo le dieron fuertes escalofríos y fiebre, llamó por varios días al 061 (número local de asistencia sanitaria) y solo le dijeron que debía aislarse en su misma casa, alejando de su lecho a su esposo y a sus dos hijos.

Pero su malestar no paró y tras insistir con su médico después de haber tomado solo paracetamol, la internaron en el Hospital Universitario Virgen de la Macarena por la fiebre alta y su notorio estado de inestabilidad al no comer casi nada durante dos semanas. Ella solo se hizo vapores con jengibre y eucalipto que poco la ayudaron. Un día después de ser hospitalizada conoció su resultado: dio positivo al nuevo coronavirus.

“La noticia no me sorprendió porque yo sabía que tenía esa enfermedad, había perdido el sentido del gusto, el olfato, tenía la vista mareada, dolor de cabeza y huesos, náuseas y mucho cansancio. Se nota que en España no hay reactivos ni insumos para realizar los test de esta enfermedad, yo puedo asegurar que las cifras que se manejan no son certeras a nivel nacional”, expresó.

A la semana de estar internada, a la habitación de Siles llegó una anciana desahuciada por el virus; en una conversación que ella había escuchado, los médicos le habían dado unas horas de vida. “Dejaron el cadáver en mi habitación por más de seis horas y empezó a descomponerse, cuando se la llevaron no desinfectaron nada, de los nervios yo no había comido nada ese día y prácticamente obligué a los médicos a que me dieran el alta, me aislé nuevamente en casa con mis dos hijos y mi esposo, con quienes me comunico solo por videollamadas”.

De pronto, Siles recordó con gran emoción las victorias que de manera personal obtuvo bailando caporal en este lado del mundo, cuando ella y otros compatriotas conformaron el grupo San Simón USA-Sevilla en plena crisis de la economía española.

“A Madrid llegábamos jóvenes bolivianos residentes de varias partes de Europa con las más diversas coreografías de nuestras danzas, amanecíamos meses antes ensayando y costurando nuestros propios trajes, porque por la crisis española no podíamos hacerlos traer; todos íbamos emocionados con la tricolor en el pecho a por el trofeo», recordó con nostalgia.

«Ganarle a esta enfermedad será otra victoria para mí, no me vencerá y tampoco me da vergüenza decir que tengo coronavirus. Cuando en Bolivia alguien me lea, les suplico que si saben de algún enfermo, no lo discriminen, esto se supera y solo nos queda autoaislarnos si tenemos los síntomas”, reflexionó.

En España, durante la época de la llamada crisis financiera, hace poco más de ocho años –la que había surgido a consecuencia del préstamo a la banca privada de 22.000 millones de euros (24.000 millones de dolares), realizada por el Partido Popular (PP), gobernante en ese entonces, para que ésta no entrara en debacle debido a la burbuja inmobiliaria: que consistía en la compra de casas que el pueblo hacía a través de una hipoteca bancaria –centenares de instituciones migrantes cayeron, aunque en menor intensidad lo hicieron las fraternidades bolivianas, al contrario, éstas combatieron la crisis porque resurgió una interesante economía local.

Una investigación realizada por quien escribe revela cómo estos grupos de danzas bolivianas, encabezados principalmente por mujeres migrantes, generaban en su interior un capital económico comunitario, que no era más que una agenda anual que realizaban de forma planificada en torno a las festividades bolivianas a partir de sus santos católicos traídos, irónicamente, a este lado del mundo.

Fue tal ese impacto positivo que en 2013 uno de los años más estrepitosos de esta crisis, incluso europea, Bolivia registró históricamente un PIB de casi 7%, y el segundo ingreso precisamente provenía de las remesas de estos migrantes. (LA RAZON)

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