Los Kalawayas: Una cultura ancestral de medicos naturistas

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El territorio de los Kallawaya de la Provincia Bautista Saavedra, se ubica en el extremo oeste del departamento de La Paz, República de Bolivia y, tiene una posición fronteriza con la República del Perú. En gran medida, los pobladores están asentados en la cabecera de valle entre las estribaciones de la cordillera de Apolobamba y la cordillera de Muñecas. El área de ocupación posee una topografía accidentada, razón por la cual abarcan alturas muy variadas. En el territorio provincial (con una superficie de 2.525 Km²) se presentan eco-regiones pequeñas e intercaladas que han generado sistemas sofisticados de organización, manejo y técnicas de producción agrícola.

La provincia forma parte del Área de Manejo Integrado Nacional Apolobamba, reconocida como reserva de la biosfera por la unesco en 1977. Además, es capital de la medicina tradicional de Bolivia (Ley del 9 de abril de 1987).

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Localización administrativa y jurisdiccional

Dos sistemas administrativos y jurisdiccionales distintos coexisten entre los Kallawaya: el sistema del ayllu de tradición prehispánica y el republicano municipalista de tradición occidental. Por un lado, los ayllus son varios y diferentes grupos sociales, genealógicos y también políticos de distinto tamaño. Los miembros se organizan a través de la solidaridad formada por lazos religiosos y territoriales, por un derecho permanente a la tierra, además de los vínculos de afinidad generado en torno al trabajo y las prácticas ceremoniales que realizan los linajes Kallawaya. Cada ayllu es regido por una jerarquía de autoridades elegidas anual y rotativamente, según usos y costumbres ancestrales.

Por otro lado, estos ayllus pertenecen a la provincia Bautista Saavedra organizada en dos municipios: Charazani y Curva. Cada municipio tiene un Alcalde que es la máxima autoridad ejecutiva del gobierno municipal, cumpliendo funciones ejecutivas, técnicas y administrativas. El Consejo Municipal, máxima autoridad legislativa del Gobierno Municipal, tiene carácter representativo, deliberante, normativo y fiscalizador a través de sus Concejales.

Grupo Cultural y pertenencia

Kallawaya es el antiguo nombre de un grupo étnico (actualmente minoritario) que identifica únicamente a ciertos ayllus de la provincia Bautista Saavedra. Asimismo, funciona como un denominativo genérico para nombrar a los religiosos-médicos itinerantes descendientes directos de los linajes que componían los ayllus dedicados al servicio de la ciencia, la salud y la religiosidad del Estado Inca. Sin embargo, en el 2001, en Charazani el 82,10% de los pobladores se auto-declararon como quechuas y, siguiendo esa tendencia el 66,62% de Curva. Esto,  porque  se omitió en la boleta censal a los Kallawaya como etnia.

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Población

Es difícil señalar cuantos son los Kallawaya debido principalmente a su itinerancia y la mutietnicidad del territorio que ocupan. Sabemos que su población 

recibió en diversos momentos históricos, el aporte demográfico de varios pueblos vecinos, étnicamente diferentes, los cuales se asentaron, convivieron y terminaron por asumir rasgos culturales Kallawaya. Según el censo del 2001, los pobladores de la provincia ocupaban 3.812 viviendas que acogían un total de 11.475 individuos. Esa población que corresponde al 0,49% del departamento de La Paz es un verdadero mosaico multiétnico.

La repartición de la población de la provincia presenta contrastes: mientras Charazani agrupa el 80,71% de los pobladores, Curva solo el 20,37%.

La pirámide de edades provincial muestra que es una población joven (47,69% entre 0-19 años), pero a partir de los 20 años hay un decrecimiento debido a la emigración de los hombres y mujeres que abandonan sus ayllus para volcarse a los centros urbanos en busca de empleo y educación. Sobre todo las mujeres se han convertido en  verdaderos agentes impulsores de la migración definitiva. De hecho, muchas familias Kallawaya (no cuantificadas) compuestas de varias generaciones se hallan dispersas en todo el territorio boliviano y, por lo menos desde el siglo XIX se han ido trasladando a algunos países limítrofes, principalmente Brasil, Perú y Argentina.

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Cultos

Los ayllus Kallawaya son depositarios de la ancestral religión andina y detentadores de un inmenso prestigio entre las etnias del sur de Sudamérica porque mantiene vivos los principios y practicas, a pesar de la presión que significó la imposición religiosa colonial. Así como en el pasado los Incas acudieron a esta etnia para su apoyo espiritual, hoy en día los más diversos grupos étnicos, sociales y económicos se les aproximan para pedir su intermediación ante los dioses-antepasados andinos.

Los miembros de los ayllus se reconocen como «hermanos» descendientes de dioses-antepasados míticos. Este tipo de parentesco permite unirlos, forjando los lazos imperecederos que los entraman y fortalecen en su identidad. Eso explica que la Iglesia Católica sea una institución casi inexistente en su territorio.

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Idiomas

El idioma ancestral es el Machaj juyai, caracterizado por la tradición como la «lengua secreta de los Incas» y equiparado por los lingüistas al antiguo puquina. Actualmente la hablan únicamente los religiosos-médicos Kallawaya en ocasiones ceremoniales, durante las curaciones o simplemente para comunicarse secretamente entre los miembros de los ayllus.

Además —y esto hay que enfatizarlo—, la lengua está en serio riesgo de desaparición, sin que exista un registro y estudio lingüístico sistemático de envergadura. Añadamos, que en la provincia existe una frontera de idiomas; en la cual predomina el quechua como lengua de los agricultores-pastores de los valles (72,09%), seguido del aymara de los pastores de puna vinculados al mercado internacional de la lana (20,25%). Mientras que el castellano sigue siendo minoritario (7,31%), lo mismo que las otras lenguas de las tierras bajas (0,35%).

Declaratoria por la UNESCO

En París, el 7 de noviembre de 2003. Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad.

En Bolivia más del 50% de la atención de la salud está en manos de los médicos tradicionales indígenas, entre ellos los Kallawaya. Ellos ayudan a satisfacer no sólo las necesidades sanitarias en el país, sino también en el sur de Sudamérica donde realizan frecuentes viajes para efectuar curaciones. De ahí la justificación para que se rescate, preserve y fortalezca los conocimientos en medicina, farmacopea y la curación simbólica. Y, de esa manera, se promueva la manutención de una buena práctica que asegure la autenticidad, la seguridad y la eficacia de las terapias.

Los estudiosos afirman que los Kallawaya emplean la farmacopea vegetal más importante del mundo, pues han sabido sintetizar el conocimiento herbolario del continente sudamericano. La preservación de ese conocimiento sistemático se halla inmerso en un complejo sistema de transmisión oral hereditaria inter-generacional. Hoy en día, se corre el riesgo de la perdida irreversible de esa ciencia indígena debido a la articulación de varios factores.

Por un lado, la merma de conocimientos por procesos de aculturación, imposición y desvalorización sufridas a lo largo de siglos. Téngase presente que sólo en la  década de 1980, después de una larga lucha frente al Estado-nación, tienen la posibilidad de trabajar libremente, sin el peso de la penalidad de las Leyes bolivianas.

Por el otro, los altos niveles de pobreza generan la migración definitiva y el abandono de sus tierras que vulnera la economía de los ayllus Kallawaya, relativamente independientes de los mercados. Pero además se acelera el proceso de amenaza de desaparición de varias especies vegetales debido a la falta de mano de obra para sus huertos de plantas medicinales, la manutención de los bosques y la utilización de técnicas de optimización de calidad y cantidad de los rendimientos agrícolas.

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Reseña histórica y cultural

Las pocas, pero importantes trazas arqueológicas, nos refieren la existencia de una sociedad Kallawaya que manejaba su espacio como un potencial instrumento de intermediación de bienes, ideas, conocimientos y valores culturales. Aprovechando su condición de religiosos-médicos itinerantes, se ocuparon de trasladar por las antiguas rutas de intercambio los objetos litúrgicos y ceremoniales, los conocimientos en materia botánica y médica.

De manera, que ellos se desplazaron cargados de esos elementos desde la vertiente de la cordillera oriental hasta los confines del actual norte del Perú adentrándose al Ecuador. Y, desde la vertiente oriental hasta los oasis costeños chilenos, penetrando también al noroeste argentino. Producto de esos viajes es un intenso intercambio de conocimientos con otros grupos étnicos que enriquecen las informaciones sobre las virtudes de las plantas medicinales, permitiendo  la consolidación del crédito del grupo como: religiosos-médicos y herbolarios.

Esa reputación les valió una relación fecunda y privilegiada con los gobernantes del Estado Inca. Ellos a través de la «generosidad» reforzaron obligaciones y lealtades a sus sujetos Kallawayas; quienes les mostraron un camino hacia Apolo y desde éste punto hacia las sabanas del Beni. Esa ruta permitió a los Incas conquistar a los grupos de las tierras bajas, denominados genéricamente Chunchos. Posiblemente, gracias a ese conjunto de cualidades, los Kallawaya se convirtieron en gente muy allegada a la nobleza Inca, al extremo de tener el honor de portar en andas a la pareja real para llevarlos de paseo.

Tal cercanía es muestra del capital simbólico acumulado, el cual se traduce en prestigio.

En ese andar, la situación se revierte durante la dominación española de los siglos XVI y XVII, cuando los Kallawaya, particularmente las elites, son blanco de las campañas contra la extirpación de la idolatría. La sospecha de una continuidad de práctica religiosa andina y de curaciones tradicionales obliga a separar a los ancianos de los niños para que éstos residan en casas de españoles y se instruyan en el catolicismo.  Se producen importantes desestructuraciones familiares.

Asimismo, se limita la tradicional itinerancia y la movilidad por las antiguas rutas, reduciendo considerablemente los beneficios de los intercambios de ideas, de conocimientos, de practicas entre otras.  Pesa sobre ellos, el estigma de la brujería y el descrédito.

Con el advenimiento de la Nueva República en 1825, el mercado de la salud está abierto, debido a la precariedad de los hospitales, de la falta de médicos profesionales y el difícil cuadro de salud pública después de la traumática y sangrienta Guerra de la Independencia (1811-1825). Los viajes se reanudan y los Kallawaya vuelven a manejar el arte de traspasar las fronteras americanas.

Entre 1881 y 1885, se tienen noticias de su presencia en la apertura del canal de Panamá. Su presencia tiene que ver con curaciones de la malaria, aspecto que crea renombre. Las noticias se expanden y llegan a oídos de científicos extranjeros, los cuales sugieren al Gobierno boliviano de utilizar los conocimientos herbolarios para que preparen una muestra en la Exposición Universal de París entre 1889 y 1891. Su notable herbario merece reconocimiento internacional.

Al iniciarse el siglo XX, las condiciones en el mercado laboral para los Kallawaya se endurecen. El Estado-nación puso varias limitaciones a una práctica que estaba seriamente censurada; lo cual conduce a movilizarse hacia los países limítrofes. Actividad que permite a uno de los practicantes convertirse en médico del Presidente del Perú, Augusto Bernardino Leguía (1909-1912). Ese prestigio ganado genera curiosidad en los médicos y farmacéuticos y les abre las puertas  del Perú.

En Bolivia, en la década de 1930, los egresados de las Facultades de medicina han copado el mercado urbano de salud. Pero, en las provincias, los Kallawaya son reconocidos como profesionales y nadie les disputa el terreno. Eso no impide que sigan realizando curaciones fuera de Bolivia hasta la conflagración de la Guerra del Chaco (1932-1935) que enfrenta Bolivia contra el Paraguay.

El Estado-nación necesita curar a su tropa indígena agonizante que muerde la derrota de la guerra.  Se recluta Kallawayas en calidad de asistentes de los médicos. El cambio que genera ese proceso histórico en la mentalidad del boliviano desemboca en la Revolución de 1952. La inserción del grupo en la dinámica socio política del país y el acceso a la educación, origina que los Kallawaya busquen la profesionalización en las Universidades para defenderse de la estigmatización, desprecio y censura. En el decenio de 1980, los primeros frutos de ese proceso son visibles.

Los Kallawaya se lanzan al mundo en busca de reconocimiento de su cosmovisión y ciencia como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, obteniendo la distinción en el 2003. Desde entonces, la lucha se agudiza por la participación en las políticas públicas de salud en iguales condiciones que los médicos de tradición occidental.